La red single gratuita de Tenerife
A lo largo de nuestras vidas se suceden acontecimientos que en ocasiones nos llenan de miedos y zozobras o de alegrías e ilusiones. Esto nos sucede a todos los mortales, sin distinciones de ningún tipo.
Por poner ejemplos que ahora tenemos muy a mano, nos ponemos en la piel de las personas que viven en Japón. Desde la traumática experiencia del terremoto y el posterior tsunami, los japoneses viven en vilo pensando que las réplicas de terremotos, y también de posibles tsunamis, pueden cambiar sus vidas de un momento a otro. Pero aún siendo evidentes esos riesgos y miedos, están viviendo justificadamente atemorizados por la radiactividad de la central nuclear de Fukushima, sabiendo que la tasa de yodo radiactivo que hay en la atmósfera es superior en 1.250 veces a la normal, y que una vez que llega al agua y a los productos alimenticios estos quedan contaminados. Eso justifica que nadie se atreva a tomar agua del grifo. Mayor miedo que no saber si te vas a envenenar con los que bebas o comas parece imposible y el problema es que actualmente carecen de otras alternativas.
Si nos ponemos en la piel de una mujer que ha sido citada por el oncólogo después de que la hayan hecho una mamografía para realizar nuevas pruebas, el miedo que la pueda invadir en esos momentos, pensando en un cáncer y las consecuencias nefastas del mismo, debe ser aterrador. Si una vez realizadas las biopsias correspondientes que confirman que los tumores detectados no son malignos, el miedo deja paso a la alegría en un santiamén.
El propio nacimiento a la vida trae de la mano, unidos de forma casi inexorable, el miedo y la alegría, especialmente cuando las futuras madres son primerizas. La ilusión del embarazo, cuando este llega a su fin, se convierte en miedos por parte de la parturienta en el proceso de dar a luz. Los dolores o los temores a que la criatura venga bien producen miedo, aunque este proceso sea lo más normal del mundo. El nacimiento del bebé, si todo sale normal, compensa con creces esos dolores y temores vividos con anterioridad, y la alegría por una nueva vida invade, en la mayoría de los casos, los entornos familiares.
En el mundo de los sentimientos, cuando más intensos son, también vienen cogidos de la mano miedos, ilusiones y alegrías. En el proceso de un enamoramiento, lo desconocido suele conllevar casi con la misma intensidad las ilusiones y los miedos a que lo que se está viviendo se pueda romper en cualquier momento. El paso del tiempo y la consolidación del sentimiento, así como la confianza, la comunicación, las complicidades y, especialmente, la consistencia del amor, harán posible que esos miedos iniciales se conviertan en alegría y felicidad. Algo tan hermoso como el amor puede venir acompañado de miedos. Aunque parezca una contradicción, cuanto más se ama más se teme si no se está seguro de que ese amor sea recíproco y a que las expectativas se vengan abajo.
El juego de los miedos y las alegrías forman parte de nuestras vidas en la mayoría de sus ámbitos. En lo que concierne a los procesos de enamoramientos, benditos miedos si vienen acompañados de la magia de dos corazones que se buscan porque siempre pueden más las ilusiones que todos los temores juntos.

© 2012 Creado por Clan-2000
¡Necesitas ser un miembro de Singles en Tenerife para añadir comentarios!
Participar en Singles en Tenerife