Cuesta mucho sustraerse y mantenerse al margen de las cosas importantes que están pasando en el mundo y que, de una manera nos afecta directamente a nosotros en estos momentos y que, sin lugar a dudas, afectará irremediablemente a las futuras generaciones.
Existen certezas absolutas de que unos hechos se van a producir, antes o después, pero sin que sea remediable y pueda evitarse que llegue a producirse. Un ejemplo claro es la muerte. Todos tenemos la certeza de que la muerte viene, para todos, cogida de la mano de la vida.
La comunidad científica internacional hace unos años que tienen sus ojos puestos en la isla de La Palma. En relación con los grandes cataclismos que se están produciendo en todo el planeta han determinado que la Isla Bonita es de los pocos sitios del mundo donde puede producirse un cataclismo que dejará pequeño todo lo que se conoce hasta la fecha, y tiene todos los boletos para ser la protagonista: es muy alta, 2.426 metros, y su base es muy pequeña, apenas 706 kilómetros cuadrados. Pero sobre todo hay algo que la hace potencialmente peligrosa: es muy joven. Aún se está formando y su edificio volcánico de Cumbre Vieja es de los más activos del mundo. En los últimos 500 años ha tenido siete erupciones, dos de las cuales fueron en el pasado siglo, una en 1949 y otra en 1971.
En el año 1997 los científicos más importantes del mundo, más de un centenar, se reunieron en La Palma, estudiaron concienzudamente la zona y concluyeron que “esta isla aún no se ha desarrollado a nivel equiparable a otros edificios que se derrumbaron como los de Tenerife. Sufrirá más erupciones, crecerá en altura y, finalmente, colapsará”.
En otoño del año 2000 unos científicos del Instituto Tecnológico de Suiza, mediante un sofisticado programa informático que imita procesos geológicos, modelizaron qué pasaría si La Palma colapsara, tras introducir datos como su altura, el peso y el tipo de rocas o las tensiones geofísicas que se generan en la isla. Lo que vieron en las pantallas del ordenador cuando el programa empezó a funcionar los dejó sin respiración. La isla se partiría en dos. Medio trillón de toneladas de roca se precipitarían en unos segundos al mar y como reacción al impacto se formaría una ola gigantesca de seiscientos cincuenta metros de altura desencadenando un mega tsunami que se trasladaría hacia el oeste a una velocidad de setecientos veinte kilómetros por hora que llegaría a tocar tierra en unas ocho horas arrasando las islas del Caribe y toda la costa este de Estados Unidos. La ola penetraría unos veinte kilómetros en el continente.
Uno de los científicos presentes en el congreso celebrado en La Palma, el británico Simon Day, del University College de Londres, se puso a trabajar en un tema muy concreto: qué tendría que pasar para que la isla colapsara, cuánto tiempo faltaba y cómo afectaría al resto del planeta esa catástrofe. Por si las predicciones de los suizos no fueran suficientes, Simon Day había determinado que no sólo una erupción muy masiva podía hacer colapsar la isla. Según sus investigaciones, el incremento de temperatura que se genera en toda erupción incrementaría la presión del agua acumulada entre las grietas de las rocas impermeables que forman el edificio volcánico de Cumbre Vieja. Erupciones menores también podrían desencadenar la catástrofe. Para todos los científicos que vaticinan esa catástrofe existe la certeza de que se producirá. Lo único que no saben es cuando se producirá.
Sea certeza o sea probabilidad, yo no pienso renunciar a seguir disfrutando de la isla de La Palma, la Isla Bonita de Canarias, por excelencia. Certeza tengo de que voy a morir y eso no me impide vivir con alegría.
Más preocupante es lo que está pasando en el planeta tierra en la actualidad como consecuencia del calentamiento climático. La aceleración de desprendimientos de los glaciares que viene produciéndose en los cascos polares como consecuencia del incremento de la temperatura es realmente alarmante. En los últimos cincuenta años, la península antártica ha experimentado el mayor aumento de temperatura registrado en el planeta: 0,5 grados centígrados por década. Teniendo en cuenta que hablamos de inmensas superficies de hielo, icebergs, de doscientos metros de altura y que el agua del mar está cada vez más caliente, cuando todo ese hielo se derrita el aumento del nivel del mar será una de las consecuencias directas y eso conllevará inundaciones de terrenos habitados por inmensas poblaciones humanas que viven al nivel del mar.
Los especialistas que manejan la ley de las probabilidades, juntos con los científicos que estudian los cambios climáticos, nos están aportando datos de lo que hasta ahora era solo previsible que sucediera y que, si nadie lo remedia, se convertirá inexorablemente en irremediable.
Vivimos muy alegres y despreocupados mientras esas desgracias suceden y no nos atañan directamente, como si todo eso nada tuviera que ver con nosotros. Nos centramos en los temporales, las borrascas, los terremotos y los seísmos que se suceden en nuestro planeta tierra, sin tener conciencia real de que lo que está sucediendo en el planeta tierra pudiera estar interrelacionado lo uno con lo otro.
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