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Después de tres años y medio desde que sucedieron los hechos, por fin se juzgo al energúmeno que intentó asesinar a Toñi Cabrera y a su hija Mª José. La Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Las Palmas reservó la semana del 3 al 7 de mayo de 2010 para juzgar a Quique en el Sumario 1/2009.
Tanto el Ministerio Fiscal como la acusación particular y la popular, ejercida por el Ayuntamiento de la Villa de Ingenio, o el Abogado del Estado, calificaron provisionalmente los hechos como asesinatos en grado de tentativa.
A pesar de las numerosísimas pruebas que acreditaban los hechos, sorprendió la postura de la defensa al apuntarse a la tesis increíble de la explosión o de la bola de fuego del gas y pedir, sin ruborizarse, la libre absolución de Quique.
Los abogados nos esmeramos en articular una línea de defensa que sea coherente y creíble y en consonancia con las pruebas acumuladas a lo largo de la instrucción del procedimiento.
En el caso de Toñi Cabrera y su hija Mª José, las pruebas eran tan demoledoras contra Quique que éramos incapaces de imaginar por donde saldrían o qué se inventaría Quique y su abogado durante el juicio, especialmente éste último ya que realmente tenía un marrón en sus manos para defender lo indefendible.
A la única persona que le está permitido mentir en un juicio es al acusado y Quique, haciendo uso de ese derecho y gala de su personalidad ególatra, mintió como un bellaco a lo largo del juicio. Su defensa consistió, en síntesis, en inventar algunas teorías, a cual más increíbles, y marear la perdiz durante todo el juicio intentando convencernos de las mismas y a la vez tratando de quitar valor a las pruebas objetivas que demostraban los hechos y desacreditando a los peritos y testigos que comparecieron en el juicio. Resumiendo lo sucedido en el juicio, Toñi y los que estuvimos allí nos quedaremos con los siguientes recuerdos:
“La confesión de Quique en el juicio consistió en intentar aparecer como el salvador de dos vidas –eso contestó al Fiscal al final de su interrogatorio cuando éste le preguntó si no tenía ni un poco de arrepentimiento por lo que había hecho-; en mentir cuanto pudo adornando una historia centrada en la explosión de la bombona de gas; en inventar la teoría de que todo el juicio, incluyendo jueces, fiscales, policías, abogados, peritos y testigos forman parte de una gran conspiración orquestada contra él y moviendo los hilos estaría mi hermana Otilia, y para justificar la razón de por qué se escapaba para Colombia mientras yo estaba muriéndome en Sevilla se inventó la existencia de la organización de un grupo de treinta y cinco personas, no sabemos muy bien si organizados por mi familia materna o por la familia paterna de mi hija Mª José que tenía como misión lincharle. No huía a Sevilla, dónde yo me encontraba en esos momentos, porque ese grupo iría allí a buscarle. Eso fue lo que dijo en el juicio.
Por su parte, su abogado, mareó a todos los presentes con tres teorías distintas: la teoría del Canarias-7 –mostrando una y otra vez la recopilación de las portadas del Canarias-7 de la época que se hizo eco de los hechos- consistía en que según su defendido, si yo lograba sobrevivir en Sevilla sin lugar a dudas ratificaría su versión de que se trató de una explosión de gas pero al ver lo publicado en dicho periódico y las manifestaciones que por aquella época habían hecho mis familiares señalándose como la persona que trató de asesinarnos, me sentí obligada a cambiar mi versión para no contradecir a mi familia.
La segunda teoría, que nunca acabamos de entender, fue la del “palillo, fósforo o cerilla” a raíz de un fósforo que apareció en el suelo del coche con el que nos llevó desde Ingenio al Hospital Insular. Ese fósforo, según dijo su abogado durante el juicio consistía en una prueba fundamental. En sus conclusiones finales nunca explicó qué valor probatorio le daba al “palillo, fósforo o cerilla”. Sin que lo dijera, parece que la continuación de esa teoría consistiría que yo y mi hija Mª José nos gasearíamos intensamente en casa y luego, cuando Quique nos metió en el coche, el fósforo se prendería y nosotras nos quemaríamos. El fallo de esa teoría es que en el coche no existía la más mínima muestra de quemadura, salvo los restos de la piel de nuestros cuerpos que quedaron en los forros de los asientos del coche y que fueron encontradas y analizadas por la policía científica que así lo hizo constar en el informe pericial y así lo ratificaron en el juicio.
La tercera teoría consistió en machacar hasta la saciedad en que la manguera tenía un corte por el uso a lo largo de los años, corte que se hizo con la ranura por donde pasa la manguera antes de conectarse en la parte trasera de la cocina de gas. Esa teoría tropezó con la imposibilidad de que tal corte de la manguera se hubiera producido así. Lo acreditaron los peritos de la policía científica, ratificando su exhaustivo informe pericial, en el que acreditaron que el corte era reciente y, lo que es peor para el condenado, habían otros cuatro intentos de corte de dicha manguera hechos en la misma fecha. Los peritos lo razonaron explicando que el cuchillo de sierra con el que el acusado cortó la manguera- probablemente con posterioridad al día que nos quemó, porque al no ser detenido se dedicó a crear su coartada, destruir pruebas –por ejemplo, la piel de nuestros cuerpos que quedó en el suelo de la ducha cuando nos bañó después de quemarnos o la ropa con la que nos llevó al hospital y que le fue entregada al hacerse pasar por mi marido y por el padre de Mª José- y a cortar la manguera para hacer ver que fue por allí por donde salió la bola de fuego. Sus fallos fueron que los cortes fueron analizados por microscopio y eran de la misma fecha, los cables de la cocina no sufrieron el calor del fuego, las bolsas de plástico que habían en la cocina no daban muestras de haber soportado calor, nuestro cabello no estaba quemado, no había señales de humo ni de fuego en la cocina y los cristales estaban intactos, a pesar de su insistencia de que se trató de una explosión.
Pasaron muchas más cosas en el juicio, en el que todos y cada uno de los peritos y los testigos desmintieron a Quique de cada mentira que echó en el juicio, a la vez que ratificaron lo que habíamos declarado por separadas tanto mi hija Mª José como yo.
De la sentencia que condena a Quique a veintiocho años de prisión por dos delitos de asesinato en grado de tentativa, destaco, a modo de resumen, lo siguiente:
En el fundamento de derecho primero de la sentencia los Magistrados hacen constar que los hechos declarados probados han quedado acreditados a través de toda la prueba practicada en el acto del juicio, que para este Tribunal ha venido a avalar punto por punto lo relatado por las víctimas Dª Antonia y ssu hija Mª José, que mantienen, que tras una fuerte discusión, fue el acusado quien las quemó deliberadamente dentro de un cuarto de reducidísimas dimensiones que les impedía cualquier posibilidad de defensa.
En la citada sentencia se sigue añadiendo que el acusado ha mantenido desde un principio que las gravísima quemaduras que presentaba Antonia (Toñi) y su hija, se debieron a un accidente casero y en concreto a la explosión de una bombona de gas cuando Toñi iba a hacer café. Sin embargo ni una sola prueba se ha practicado que avale la versión de los hechos del acusado, que además ha incurrido en numerosas contradicciones en su declaración en el acto del juicio. Cada una de las manifestaciones del acusado ha quedado desvirtuada por las declaraciones de los testigos y de los peritos.
Del fundamento quinto de la sentencia deseo destacar un párrafo que resume todo lo expuesto y que hace constar que teniendo en cuenta la especial crueldad de la acción del acusado, la forma con la que se ensañó con sus víctimas, quemándolas vivas poco a poco, con un sufrimiento difícil de imaginar, no solo por el dolor físico, sino por el hecho de ver la niña, que no llegaba a ocho años de edad, como queman a su madre y la madre como queman a su hija sin poder hacer nada para evitarlo.
Hoy sé que el abogado de nuestro asesino ha recurrido la sentencia y aunque quiera evitarlo, hasta que la misma no sea firme no dormiremos tranquilas mi hija Mª José y yo. Mi abogado me tranquiliza diciéndome que el derecho a recurrir lo tiene por ley pero que eso no hará que salga de la prisión durante muchísimos años. Ya estamos marcadas física y psicológicamente para el resto de nuestras vidas, pero deseamos vivir con tranquilidad y creemos que ese derecho lo merecemos. Nunca hemos pedido venganza, sólo hemos demandado justicia y la sentencia que condena a Quique hace justicia. Solo pedimos que una vez que sea firme la cumpla íntegramente”.

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