Deseo dejar sentadas por anticipado dos premisas que tengo muy claras: primera, que todas las personas, incluidas los jueces, estamos o debemos estar sometidos al imperio de la ley; y, segunda, que no me gustan los jueces estrellas y que prefiero, si pudiera elegir, que los jueces solo ejerzan su trabajo con vocación y sean honestos, trabajadores e imparciales. A esto debo añadir que me gusta que los jueces sean valientes a la hora de dictar justicia y no se “acobarden” frente a los casos en los que según sean los actores.
De Baltasar Garzón me gusta casi todo. En mi opinión, y puedo estar equivocado porque esté confundiendo valentía con afán de protagonismo, Baltasar Garzón es un juez muy preparado técnicamente (las instrucciones de los asuntos que investigan suelen estar muy bien fundamentadas), es trabajador hasta la extenuación, no se casa con nadie (ni con la derecha ni con la izquierda) y es un juez muy valiente.
Si tuviera que elegir entre dos únicas distintas posibilidades no tendría la menor duda de querer tener a muchos garzones en la judicatura española a tener muchos jueces anodinos que cuando están ante un caso complicado y tienen a un “poderoso” enfrente acaban “arrugándose” y cediendo a las presiones que les suelen llegar desde más altas esferas y terminan por dejar que los casos mueran por congelación en los archivos de los juzgados.
Aún siendo una de las razones de peso, yo no creo que el protagonismo estelar de Baltasar Garzón sea necesariamente lo que más moleste a sus compañeros de profesión y a todos los que le detestan abiertamente. Creo que pesa mucho más las cuestiones ideológicas.
Baltasar Garzón, al frente del Juzgado de Instrucción Nº 5 de la Audiencia Nacional, ha dirigido importantísimas operaciones contra el terrorismo de ETA y contra todo tipo de traficantes. Esas actuaciones, por sí mismas, son suficientes para estar en el punto de mira de muchísima gente peligrosa y sin escrúpulos. Sin embargo, otros magistrados de los Juzgados de Instrucción de la Audiencia Nacional acometen cada día un trabajo similar y también están sujetos a los mismos riesgos. Por tanto, no es este el trabajo que le diferencia de otros magistrados.
Baltasar Garzón tuvo el “atrevimiento” de intentar procesar y mandó detener a Augusto Pinochet, exdictador chileno cuando se encontraba en Londres en un viaje privado, detención que se llevó a cabo por quince efectivos de Scotland Yard en la London Clinic a las seis de la tarde del 16 de octubre de 1998. El Vaticano mostró su disconformidad con dicha detención y su manifiesto apoyo al dictador, de forma especial a través del Cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado Vaticano (cargo equivalente al de Ministro de Asuntos Exteriores) entre los años 1991 y 2006 y del por aquel entonces Cardenal Joseph Ratzinger en su calidad de Prefecto para la Congregación para la doctrina de la Fe (custodio del mantenimiento de la doctrina de la fe católica) y actual Papa, Benedicto XVI.
En su lista de “casos famosos” podemos encontrar, entre otros, su manifiesto deseo de ha manifestado reiteradamente su deseo de investigar también al ex Secretario de Estado de EEUU Henry Kissinger, en relación con la instauración de las dictaduras de la década de los años setenta en América Latina, en lo que se llamó la Operación Cóndor; el procesamiento a funcionarios argentinos por su participación en el genocidio durante la dictadura 1976-1983; el intento de procesar en el año 2001 al actual Primer Ministro italiano Silvio Berlusconi; la investigación de las cuentas en el extranjero del BBVA por supuestos delitos de lavado de dinero o la orden de detención internacional contra Osama bin Laden, jefe de red terrorista Al-Qaeda. También han sido notorias sus duras críticas en el año 2003 al gobierno de EEUU por las detenciones sin ningún tipo de control judicial en Guantánamo (Cuba) o contra la guerra de Irak.
Pero si bien todos esos antecedentes fueron más que suficientes para que “salieran ronchas” en el culo de muchas personas, más ampollas levantó en la derecha española el “desliz” de Garzón cuando en abril de 1993 decidió solicitar una excedencia en su carrera judicial para concurrir como número dos de la lista socialista a las Elecciones Generales de junio de ese año, en las que consiguió el acta de Diputado.
Las malas lenguas dicen que aspiraba a ser Ministro y no se conformó con ser sólo segundo de a bordo del Ministerio de Interior. Dimitió poco después de que Felipe González nombrara el 5 de mayo de 1994 a Juan Alberto Belloch (actual Alcalde de Zaragoza) como Ministro de Justicia e Interior (que unió en un solo ministerio). Tras su salida de la política pareció que quise vengarse de Felipe González, a quien puso en apuros en el marco de la instrucción sobre los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), por el que ordenó la encarcelación de los policías José Amedo y Michel Domínguez, quienes imputarían al ex ministro del Interior José Barrionuevo y al ex secretario de Estado para la Seguridad Rafael Vera, que acabarían también en prisión.
Si bien en esa época la derecha conservadora, especialmente la derecha política representada por el PP, parecía estar encantada con Baltasar Garzón, tras el escándalo del Caso Gürtel, que es el nombre dado a la investigación instruida por el juez Garzón desde febrero de 2009 y cuyo fin es desentrañar una presunta red de corrupción vinculada al PP, el partido conservador no deja de crucificarle en la actualidad y no saben como quitárselo de encima. El PP le recusó y se querelló contra Garzón, sin éxito en ambos casos.
La venganza de toda la derecha contra Baltasar Garzón, a quien intenta borrar del mapa judicial, les ha venido a través de las querellas que se tramitan ante el Tribunal Supremo a instancias del colectivo Manos Limpias, presidido por el ultraderechista Miguel Bernard, ex dirigente del Frente Nacional, por presunta prevaricación en la investigación de los crímenes de la Guerra Civil y el franquismo (se nota que les duele el tema) tras la entrada en vigor de la Ley de Memoria Histórica. Desde 1997, Manos limpias había planteado 17 querellas, denuncias y quejas contra Garzón, todas ellas desestimadas.
La otra querella admitida a trámite por el Tribunal Supremo contra Garzón se produjo a instancia de los letrados José Luis Mazón y Antonio Paneaen relación con la organización por su parte de unos cursos en Nuevaa York entre 2005 y 2006, cuando disfrutaba de un permiso de estudios, que fueron patrocinados por el Banco Santander. Inicialmente fue archivada por el Tribunal Supremo y de nuevo ha sido reabierta.
Es muy evidente de que van a caza de Baltasar Garzón. Ese mensaje no deja de ser un aviso a navegantes dirigido a cualquier juez que se atreva a romper los moldes del orden establecido. Descaradamente el verdadero poder político, económico, judicial y eclesiástico de este país aún está en gran medida en manos de la derecha más rancia.
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